jueves, 25 de mayo de 2017

Semblanzas del Rector Roberto Bravo Garzón

Por Rodolfo Calderón Vivar
por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Con una gran concurrencia de ex colaboradores,  amigos y público en general  se llevó a cabo el foro “Semblanzas…Roberto Bravo Garzón”, en el que se recordó la figura de quien es el rector de la Universidad Veracruzana que abrió más facultades, durante su periodo rectoral, ampliando la matrícula para admitir más estudiantes de nuevo ingreso, promoviendo la creación de novedosas instituciones  culturales y  dar inicio  al empoderamiento de la mujer  en diversas posiciones directivas de nuestra Máxima Casa de Estudios, según comentaron los ponentes  Martha Moreno Luce, Angélica Gutiérrez  Bonilla, Guillermo Barclay, Enrique Levet Gorozpe, Miguel Alvarez de Asco y Gerardo Gallegos Cázares, durante sus intervenciones ante el público asistente.
Con un presídium encabezado por Clementina Guerrero Martínez, Secretaria de Finanzas del Gobierno del Estado;  Lulio Valenzuela Herrera, presidente de la asociación civil de Egresados de la Universidad Veracruzana,  que organizó el evento, y Nohemí Santa Brito, funcionaria municipal; durante casi dos hora se recordaron, ante los asistentes, diversos aspectos de la vida, tanto íntimos como públicos,  de Bravo Garzón, quien fungió como rector de la Universidad Veracruzana, entre los años 1973  y 1981.
Fue Martha Moreno Luce, colaboradora de aquellos años rectorales, quien inició la ronda de ponencias. Ella recordó diversos momentos compartidos en sus etapas estudiantiles, cuando muy jóvenes se conocieron en la universidad. Con nostalgia, evocó:
“Lo conocí en el primer año de la facultad y desde los primeros días mostró su personalidad. Nunca llegaba a las primeras clases, que empezaban a las ocho de la mañana. El mismo se calificaba como ave nocturna. Éramos estudiantes pobres. Comprábamos libros por turnos. Cada vez que uno compraba un libro, lo leía, y luego se lo pasaba a otro.  Con Sedena, una compañera fallecida prematuramente, formábamos un trío para nuestras actividades: ir al cine, al teatro y, a la más ingrata de todas: estudiar”
Poco a poco, Martha Moreno, fue develando pasajes de la vida estudiantil que mostraron a un Roberto Bravo Garzón, travieso, impetuoso, ya aficionado al vicio de fumar,  y con un sueño compartido con sus amigos, irse a recorrer el mundo en un barco. Pero el sueño no pasó más allá de un paseo en un barquito, frente al puerto de Veracruz, cuando Bravo era dirigente de una federación de estudiantes.
Nuestras aspiraciones cambiaron, menciona Moreno Luce, cuando llegó Fernando Salmerón Roiz a la universidad, con la finalidad de fundar la facultad de Filosofía.  Con la anuencia del gobernador,  Antonio Quirazco, se creó la facultad. Pero el problema era que tuviera alumnos. Héctor Salmerón Roiz, hermano del fundador, era nuestro amigo y nos convenció para inscribirnos a Sedema, Roberto y yo. Ahí cambió nuestra actitud para el estudio. El maestro Fernando trajo desde la UNAM, a los mejores maestros de filosofía de aquella época y nuestra vida se transformó.
Pero ni aún así, ya siendo un buen estudiante de filosofía, Roberto Bravo dejó a un lado su carácter  impulsivo y juguetón. Cuenta Moreno Luce que en casa de Manuel Chávez Buendía, ya inscrito también en Filosofía, organizaban reuniones donde convivían maestros filósofos y sus estudiantes. A veces ponían música y bailaban. Roberto era un buen bailarín. Sin embargo, tenía un compañero de la facultad de Derecho, donde también estudiaba, que estaba impedido de caminar y usaba muleta. Sin dudarlo, cuando el baile ya estaba en su apogeo, Bravo Garzón, al grito de “aquí nadie se queda sin bailar”, fue al asiento de su amigo, hizo a un lado las muletas, y lo cargó para bailar con él toda una pieza. Su amigo, que se llamaba Pedro Augusto Hernández,  estaba a las risas. Todos estaban alegres.
Roberto y Martha tuvieron que separarse al concluir sus carreras de licenciatura y recibir una beca por parte del ya rector, Fernando Salmerón Roiz. Ella se fue a estudiar,  a la UNAM, el Doctorado en Filosofía; Bravo Garzón escogió estudiar en el Colegio de México. Después vino la época de Bravo Garzón como rector. De aquellos años, Moreno Luce recordó cuando ella abrió un centro bohemio llamado Nazdrovie, lugar donde convivían intelectuales, artistas y público afin a lo bohemio  y lo artístico. Ahí llegaba el rector a cantar. Cantaba horrible, dice Martha, pero  eso si, muy fuerte y con mucho sentimiento. Poco antes de morir, Bravo Garzón le comentó que permanecía siempre en su memoria, los recuerdos vividos en el Nazdrovie.

Bravo Garzón abrió las puertas al liderazgo incluyente de las mujeres dentro de la universidad
Una de las funcionarias más cercanas a Bravo Garzón, fue Luz Angélica Gutiérrez Bonilla. Ella estuvo al frente de la Dirección de Planeación de la UV, según indicó el conductor del foro Lorenzo Antonio Hernández García. Fue ella,  quien al pasar a comentar su experiencia de vida junto al rector de la Universidad Veracruzana dio una cifra impresionante que no ha vuelto a repetirse en ninguna época de la historia de la institución.
Dijo:
“La Universidad Veracruzana, en 1970,  tenía una población estudiantil de más de 10 mil estudiantes, distribuida en Xalapa, Veracruz y Orizaba.  Para 1975 los estudiantes universitarios se incrementaron  en un número de hasta 25 mil. Sólo en cinco años después, en 1980, ya teníamos en nuestras aulas universitarias casi 57 mil alumnos y pasamos de estar en tres ciudades del estado a tener presencia y campus universitarios en cinco regiones del estado y en las 12 ciudades más importantes del estado”
Al describir el inicio de Bravo Garzón como rector, allá en el año de 1973, Gutiérrez Bonilla dijo que el nuevo dirigente  de la universidad llegaba con un gran bagaje de liderazgo y trabajo académico aplicado en la Facultad de Economía, que él fund. Además, con su formación como investigador en el Colegio de México, cuando se realizó la primera reunión de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, en la que ya participó como rector, precisamente en el año de su inicio rectoral, se percató de las tendencias y visiones de crecimiento de la educación superior de manera planificada, y decidió descentralizar a nuestra universidad previo estudios económicos y sociales que detectaran las necesidades y vocaciones regionales, para ubicar ahí nuevas facultades.
Cinco fueron los grandes objetivos que Bravo Garzón,   definió junto con su equipo de labores,  para hacer crecer a la universidad en todo el estado, recuerda Angélica Gutiérrez:
1.- Absorber la creciente demanda de educación superior sin detrimento de la calidad académica.
2.- Abatir el costo de la enseñanza superior en el estado.
3.- Ubicar regionalmente la oferta de profesionales de acuerdo a la demanda regional.
4.- Analizar la capacidad potencial del profesorado y comprobar la  disponibilidad de servicios complementarios a la enseñanza.
5.- Medir la demanda potencial del mercado de trabajo profesional por región.
Reconoció Angélica Gutiérrez que Bravo Garzón fue un líder visionario, un verdadero maestro de los jóvenes que fueron incluidos en su equipo de trabajo. Afirmó que  nunca más se ha vuelto a ver un rector que incluya tantos jóvenes en su gestión rectoral. Pero además, subrayó, fue un funcionario avanzado en su época pues abrió la puerta al empoderamiento de la mujer en el sector público universitario, pues fueron  varias las mujeres universitarias a las que nombró como responsables de diversas tareas directivas y académicas, durante el periodo que él encabezó, entre 1973 y 1981.

Después de Bravo Garzón la Universidad Veracruzana se fue estancando. No ha existido otro rector humanista,  como él.
Enrique Levet Gorozpe también habló de Bravo Garzón,  a quien conoció desde cuando él era estudiante de ingeniería, como en la posterior formación de la FESAPAUV, la  federación sindical de la Universidad Veracruzana. Fue precisamente, en el aspecto de la fundación del  sindicalismo universitario donde el rector Roberto Bravo Garzón tuvo un papel preponderante. El líder de la FESAPAUV narra como, incluso, el rector de la UV se opuso a la tesis del rector de la UNAM, Guillermos Soberón, en cómo abordar la situación laboral de los profesores universitarios:
“En aquel tiempo, la tesis del maesto Roberto Bravo Garzón fue muy clara y definitoria: rechazar la propuesta soberonista de la creación de un apartado “C” en el artículo 123 constitucional, para quedar encuadradas las relaciones de trabajo de las instituciones de educación superior en el apartado “A” de dicho artículo de la Carta Magna.”
Reconoció Levet esa posición de Bravo que permitió salvaguardar los derechos de los académicos sindicalizados, que lejos de mantener en apartados selectivos sus condiciones laborales, instó  a mantener su tesis de hacer congruentes sus intereses laborales con los altos fines que tienen encomendados las máximas instituciones de educación superior.
Después, corroboró lo antes expuesto por Angélica Gutiérrez en el sentido de que generó el crecimiento de la Universidad Veracruzana  en función de  procesos de análisis y planeación para regionalizar nuestra universidad. Así fue como crecieron, en número de carreras y facultades, las zonas de Xalapa, Veracruz-Boca del Río, Córdoba-Orizaba, Poza Rica-Tuxpan y Coatzacoalcos-Minatitlán. Ello implicó un gran esfuerzo no solo de investigación regional, sino también de generar condiciones financieras, políticas y sociales que pudieran  hacer posible ese crecimiento regional.
Levet Gorozpe añadió que lamentablemente la Universidad Veracruzana ya no siguió ese proceso planificado de crecimiento hacia nuevas regiones demográficas urbanas, que atendiera las demandas de jóvenes estudiantes como podrían ser un nuevo campus en Pánuco, San Andrés Tuxtla y Las Chopas. Desde entonces nuestra  universidad se ha estancado, afirmó. Y esa labor de crecimiento lo están cubriendo otras instancias como la Universidad Popular Autónoma de Veracruz y los Institutos Tecnológicos Regionales.
Dijo también de Bravo Garzón, que él era el último rector humanista que había tenido la Universidad  Veracruzana, capaz de comprender  las condiciones laborales de sus académicos, las necesidades de sus estudiantes, las condiciones de trabajo de su personal administrativo, técnico y manual. Consideró que aportó a nuestra universidad  una gran creatividad para promover una intensa y dinámica actividad universitaria, haciendo crecer a la universidad a lo  largo y ancho de todo el estado.
La mesita de planeación prospectiva como bola de cristal de la Universidad Veracruzana
Correspondió al turno al Lic. Gerardo Gallegos Cázares, quien durante años que duró la administración universitaria de Bravo Garzón, tuvo a su cargo la delicada tarea de coadyuvar a realizar, el día a día, de lo que podríamos llamar, la política universitaria, según comentó el conductor del evento, Lorenzo Antonio Hernández García.
Gallegos Cázares comentó que aunque en muchas ocasiones, el rector de la Universidad Veracruzana, lo instó a que se tutearan, porque afirmaba que ya serán amigos, y  eso era cierto, él siempre lo trató con la deferencia del usted. Siempre  lo llamó como todos aquellos que fueron sus más cercanos, como el licenciado Bravo. “Para mí era –y es-  el Licenciado Bravo”, dijo.
Rescató Gallegos los procesos de realización de lo que él denominó maratónicos Consejos Universitarios. Describió:
“Su manejo  y conducción requería  -siempre-, de un acucioso trabajo previo de sondeos, cabildeos y de una intensa negociación.  Por la complejidad que en aquella época poseía lo universitario, aún muy cercano al conflicto del 68, el procesamiento de la vida universitaria, a través de las sesiones del consejo,  requerían de un liderazgo y concertación que, cuando menos en algunos de sus aspectos, terminaron de constituir la modernidad política de nuestra sociedad”.
Bravo siempre conminaba a su equipo a negociar para lograr lo oportuno, viable y deseable para nuestra universidad, recordó Gallegos.  Reconoció el ponente que para todo el equipo de jóvenes funcionarios universitarios aquello fue un verdadero taller de cómo realizar el ejercicio de la alta política a nivel de educación superior,  dirigidos por el licenciado Bravo.
Explicó como planeaban  muchas acciones de impacto político en facultades y  toda la universidad:
“En no pocas ocasiones participé con él, sentados en su mesita del despacho, en la que le gustaba trabajar, realizando ejercicios de prospectiva sobre los futuros posibles, porque nos decía que esta actividad siempre había que tenerla prendida como una bola de cristal”
Gallegos dijo que es a Bravo a quien realmente se debe la descentralización universitaria planificada de la Universidad Veracruzana. Incluso se atrevió a cuestionar a quienes afirman que por haber nacido ya la universidad con otras escuelas en otras ciudades , ya la descentralización existía. Habló de qu e esa era una situación circunstancial y no articulada. La verdadera descentralización surge debido al estudio socioecómico que realiza el equipo de Bravo Garzón, desde 1973, para definir en cuáles regiones la universidad crecería, pero también a un difícil trabajo de acuerdos con instancias de poderes federales, estatales y  municipales, que permitieran que la expansión de la universidad fuera posible, sin obstáculos, sobretodo de tipo  político.
Explica:
“Para asegurar el éxito de un proyecto de tal envergadura, el licenciado Bravo tuvo que conceptuar una estrategia integral que incluyó un profuso cabildeo en las más altas esferas de la política nacional, porque crear facultades en zonas donde había influencia de actores políticos, económicos  y sociales muy consolidados no  era tarea fácil. Era natural que hubiera temor,  entre los líderes municipales de que llegaran los nuevos actores universitarios que podrían causarles inestabilidad en sus problemáticas de la región.”
Abundó como Bravo instó al equipo  a ir identificando los liderazgos políticos y empresariales  a nivel nacional que tuvieron el peso suficiente para influir en los distintos niveles federales, estatales, municipales y regionales, a fin de evitar cualquier tipo de resistencia a la llegada del nuevo proyecto de instalaciones y presencia universitarias en sus lugares de poder. Recuerda Gallegos que uno de los líderes que Bravo Garzón visitó fue al ex presidente de la república, Miguel Alemán Valdés, para explicarles las bondades de esta regionalización universitaria, y solicitar su apoyo para que moviera su influencia con los políticos de las ciudades, para que el proyecto se realizara. Alemán Valdés comprendió la trascendencia de la idea y decidió apoyar a Bravo, hablando con sus contactos en las principales ciudades donde funcionaría la universidad, para que recibieran a Bravo y lo apoyaran.
Finalmente, Gallegos relató como el rector también lo instó a hiciera las gestiones pertinentes para que la Universidad Veracruzana adquiriera la membresía de su primer equipo deportivo profesional, del cual quiso que fuera uno de tercera división, porque así se podría generar un semillero de deportistas juveniles universitarios que después alimentarían la opción de otra división mayor. Fue así como el funcionario universitario, tan cercano a Bravo Garzón, inició una carrera dentro del ámbito deportivo del futbol nacional, a la cual se dedicó de tiempo completo, después de terminar la gestión de Bravo Garzón , en el año 1981.

Los bibliotecarios que participaron en el cambio cultural de la Universidad Veracruzana
Guillermo Barclay, toda una personalidad en el ámbito teatral nacional rememoró parte de su historia de vida junto a Roberto Bravo Garzón, iniciada entre los mostradores y estanterías de la Librería de la Universidad que estaba ubicada en el pasaje Tanos, donde ahora existe una tienda de zapatos. Ahí trabajaron juntos, acomodando y vendiendo libros.
Recuerda de Bravo Garzón, aparte de su gran camaradería con sus amigos,  su capacidad de gestión para impulsar las culturas y las artes en la Universidad Veracruzana. El veía en cada actividad cultural la posibilidad de formar una sensibilidad en los estudiantes universitarios, rodeándolos de un ambiente donde la abundancia de manifestaciones artísticas en foros, teatros e, incluso las facultades, los irían formando como ciudadanos humanistas y proclives a las bellas artes.
Como nunca antes, un rector de la Universidad Veracruzana se abocó a apoyar a la Sinfónica de Xalapa para trasladarla del ámbito civil a las instancias universitarias, como miembros de su personal académico. Si se necesitó dinero  para ello, Bravo Garzón no dudaba en trasladarse a la ciudad de México para hallar el apoyo financiero de parte de oficinas federales o, incluso, de entidades privadas. Lo importante era que si un proyecto de calidad y  de gran impacto social de la universidad, requería dinero, él veía la manera de como conseguirlo.
Gracias a Bravo Garzón el apoyo no solo fue para la música de concierto y clásica, sino también para la música popular, a través de la creación y sostenimiento de sus grupos de salsa, folklóricos y  la gran Orquesta de Música Popular. Convocaba a los participantes, diseñaba con ellos el proyecto y se trasladaba a la ciudad de México para ir a presentar la propuesta, sus objetivos, metas y número de personas que iban a ser impactados culturalmente. Poco a poco, así se fue ampliando el presupuesto universitario, porque Bravo los convencía.
Pronto, la Universidad Veracruzana vió florecer  a todas las artes en todo su esplendor: pintura, danza, música, cine, teatro, escultura. Roberto Bravo había logrado integrar verdaderos equipos de trabajo, que trabajaban por proyectos, y aumentaban no solo la fama de sus integrantes sino de la propia universidad.
Era tal su devoción por la cultura, que en pleno inicio de la renovación de los grupos de teatro unirsitarios, que iba aparejado con el apoyo a la facultad de teatro y el nacimiento de una línea editorial de publicaciones teatrales, como Tramoya, lidereada por Emilio Carballido, el inquieto rector decidió también apoyar proyectos externos de teatro que necesitaban financiamiento. Tal fue el caso de la llegada de Claudio Obregón, junto con otros autores, para recibir apoyo en el montaje de obras, cuya inversión la cubriría totalmente la Universidad Veracruzana, previa gestión a nivel federal de Bravo Garzón.
El rector, empeñado en que las artes se impulsaran desde los primeros años universitarios de sus estudiantes, impulsó los Festivales Estudiantiles de Teatro, donde miles de estudiantes de todas las carreras de la universidad, recibieron apoyo y capacitación para montar sus obras de teatro a nombre de sus facultades, en el transcurso de dicho festival. En la organización de dichos festivale cumplieron importante labor Manuel Montoro y Guillermo Barclay.
Una velada inolvidable  y un sentimiento que permanece.
Participó también, con sus comentarios,  Miguel Alvarez de Asco, quien fuera funcionario durante la administración de Bravo Garzón y recordó las tareas que le encomendó durante su gestión. Fueron casi dos horas de remembranzas que hicieron revivir la figura de Bravo Garzón en esta reunión.  Hubo innumerable muestras de afecto, antes y después del inicio del evento, entre los asistentes a este foro denominado “Remembranzas…Roberto Bravo Garzón”, porque muchos fueron testigos de aquella época y , según comentarios recogidos, acudieron porque hay un sentimiento que permanece: recuperar la historia de lo realizado por Roberto Bravo Garzón, en sus años de rectorado, que llevaron a la Universidad Veracruzana, en su época, a ser considerada la segunda en importancia, a nivel nacional, después de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Este evento fue organizado por Egresados de la Universidad Veracruzana, Asociación Civil, que anunció próximas acciones para rescatar el importante papel de los egresados de nuestra universidad en el ejercicio de su vida profesional, en distintas  áreas públicas y privadas, en nuestro estado de Veracruz. Según considera su presidente, Lulio Valenzuela,  hay que rescatar los grandes logros de muchos de nuestros egresados que, como Roberto Bravo Garzón, merecen ser recordados, sobretodo en la Universidad Veracruzana.

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